RUTA GASTRONÓMICA EN MI VIAJE A SAN SEBASTIÁN:
Acostumbrado a visitar al menos una vez al año la extraordinaria ciudad de San Sebastián, situada en el País Vasco, al norte de España. Caí en la cuenta de qué debía de alguna forma hacer conocer más esa tierra para que otros, como yo, pudieran disfrutar de ella de la misma forma que yo lo hago.
Se me ocurrió, que recomendar su gastronomía podía ser una de las mejores formas para dar a conocer este lugar, siendo esta uno de los mayores tesoros que encierra. Y qué mejor forma para esto que mediante un blog.
Durante mi último viaje, probé una serie de restaurantes a los cuales hoy les hago aquí una crítica para a quien pueda interesarle o servirles de ayuda mi opinión. Tendré en cuenta para ello, medidas como la atención al cliente, la calidad del producto conforme al precio, la zona en que se encuentra, el ambiente y el espacio en sí del mismo etc.
Se me ocurrió, que recomendar su gastronomía podía ser una de las mejores formas para dar a conocer este lugar, siendo esta uno de los mayores tesoros que encierra. Y qué mejor forma para esto que mediante un blog.
Durante mi último viaje, probé una serie de restaurantes a los cuales hoy les hago aquí una crítica para a quien pueda interesarle o servirles de ayuda mi opinión. Tendré en cuenta para ello, medidas como la atención al cliente, la calidad del producto conforme al precio, la zona en que se encuentra, el ambiente y el espacio en sí del mismo etc.
Restaurante el viso.
A caballo entre la provincia de burgos y los primeros montes de las vascongadas, a una distancia de poco menos de una hora de la ciudad de Donostia "San Sebastián", se encuentra una pequeña localidad, rodeada de verdes cerros recubiertos de nogales, donde la rusticidad más típica de Álaba se consigue contemplar en su máximo esplendor.
De camino hacia nuestro cada vez más cercano destino, decidimos hacer un pequeño stop y tomar algo en algún pueblo cercano. La pedanía de Estavillo, que así se llama, era la más cercana y dimos a parar al único restaurante del lugar.
Nada más entrar, fuimos recibidos con cariño ya que aún no habiendo sitio disponible, nos consiguieron de buen agrado un hueco más.
El lugar, pareciendo por fuera un antro de carretera, nos tenia con las espectativas bajas, sin embargo, descubrimos que no se puede juzgar a un libro por su portada.
El menú, consistía de dos opciones de menú degustación con un precio fijo que dado la cantidad de platos y la calidad de los mismos no se nos hizo excesivo.
Entre los platos que nos sirvieron, pudimos observar una brillante composición de sabores y texturas. Desde un pintxo de arroz verde de mariscos, pasando por el bacalao confitado y terminando en una típica txuleta.
Calidad de la que sacia, acompañada de una fresca botella de txacolí y de un servicio impecable por parte de los camareros. El postre, espectacular también y para dar fin al almuerzo un café que inició una tertulia con los dueños del local de quienes nos llegamos a hacer incluso amigos.
La Txuletería del Iraeta.
En pleno barrio de Gros, a escasos metros de la playa de la Zurriola y justo enfrente de la iglesia de San Ignacio de Loyola, se encuentra un pequeño local cuyo penetrante olor a brasas se percibe a lo largo de la calle entera.
El sitio está bien, a secas. Nada glamuroso ni elegante si es eso lo que se busca. La comida es otra historia.No hay mucho donde elegir para ser sinceros, puesto que su plato fuerte es la txuelta acompañada de un fresco tomate aliñado como no he probado en mi vida. Sencillamente espectacular, seria mi descripción mas exacta.
Un sitio sencillo, con una calidad inigualable en el producto y a unos precios bastante asequibles por no decir baratos.
Destacaría también los pintxos de fuá que preparan, aunque sin duda con una txuelta un buen tomate y quizás unas piparritas, está uno más que agusto.
Recomiendo también, si se va en la época, el tomate verde aliñado, ya que su dulzor es inimaginable. Siempre, por supuesto, acompañado de su botellita de sidra, txacolí o tinto correspondiente.
Restaurante Rekondo.
En la subida del monte Igueldo y con las mejores vistas de la ciudad por horizonte, se encuentra el restaurante Rekondo. Con dos tenedores, es considerado como uno de los mejores restaurantes de la ciudad y sin duda el más exclusivo.
Cuenta con una agradable terraza exterior con vistas al mar, salones de comedor interior con una decoración sencilla pero exquisita , una bodega de vinos de las más destacables de la zona y un asador al carbón donde se cocinan las carnes y pescados.
La relación calidad precio, es adecuada. Precios muy elevados pero toda una experiencia en boca cada plato.
Recomendaría sin duda el rodaballo, el carpacho de vieiras, el txangurro, la sopa de pescado y las kokotxas en salsa verde. De postre sin duda la mamia y los canutillos.
No cabe duda, de que este no se trata de un lugar al que uno pueda asistir diariamente, pero desde luego que probarlo merece la pena.
De vuelta al barrio de Gros, nos encontramos con el conocido bar de pintxos Bergara. Un establecimiento donde la cultura del pintxo vasco se lleva hacia su máximo esplendor.
Cierto es, que su localización es quizás un poco recóndita, pero merece la pena visitarlo.
Monty, el dueño, ademas de ser una bellísima persona, es un experto en el mundo de la gastronomía y sobre todo en el del pintxo, habiendo ganado ya varios premios por algunos como la txulapa o el pintxo donostiarra.
Mis favoritos, son sin duda el de txaska, el de salmón, y la tortillíta de anchoas que considero casi una obra de arte.
En cuento a relación calidad precio, nos encontramos ante un lugar muy asequible y posiblemente para todo tipo de público.
Lo recomendaría sin duda.
Enfrente del hotel "NH Aránzazu" en pleno barrio del antiguo y muy cercana a la playa de Ondarreta, se encuentra esta marisquería.
Nos presentamos allí, más que nada, por la cercanía de esta con nuestro hotel y por pura comodidad y algo de pereza de no querer ir más lejos.
El local se encontraba vacío, hecho que nos sorprendió, aunque aún así nos sentamos, y nos dispusimos a cenar.
El servicio, aún estando el restaurante sin nadie, fue lento y con una actitud incluso detestable de quién nos atendió, no dándole importancia a nuestras peticiones, que como clientes debían de ser atendidas.
La comida, por otro lado, era buena. Quizás algunos platos como los txipirones en su tinta no estaban del todo conseguidos, pero otros como las kokotxas en salsa, fritas y rebozadas eran un espectáculo.
De postre, la torrija de brioche, eh de reconocer que no dejaba nada que desear a las demás que había probado y desde luego era de buena calidad.
Los precios, sin embargo, desorbitados. El mayor fallo del restaurante sin duda. Aún sin haber tomado nada de marisco, nos cobraron como si de una mariscada se tratase, por productos, que a no ser que de la máxima calidad se trate, no deberían de costar tanto.
Portuetxe.
El asador portuetxe, es sin duda de esta lista, el más preciado para mí.
Situado a las afueras del núcleo más urbano de la ciudad, es un antiguo caserío vasco, de aspecto rústico y
hogareño, con una decoración típica de la zona y muy centrada en el almacenamiento de barriles de vino.
Consta de un par de naves donde se sitúan las mesas, y de un patio exterior donde un par de brasas a rebosar de carnes y todo tipo de pescados maravillosos como lenguados, rodaballos y besugos, te dan la bienvenida.
Desde mi punto de vista, lo más recomendable es comenzar con unas guindillitas de ybarra y unas kokotxchas en salsa verde, pasar al plato fuerte, que yo recomendaría el rodaballo, y por último, endulzarte los labios con un arroz con leche o una cuajada casera que son espectaculares. Todo por supuesto aciompañado de un par de botellitas de sidra.
Por último y tras el café, un chupito de pacharán, que le dará el toque al almuerzo.
Considero, que la relación calidad- precio, es más que comprensible. Teniendo quizás unos precios algo elevados, pero un producto de la más alta categoria.
Bar Antonio.
El último restaurante que visité, me sorprendió completamente.
Situado en el centro de la ciudad, en la calle bergara para ser exactos, se encuentra este local, el cual por fuera no llama absolutamente nada la atención.
Nada elegante ni llamativo, estrecho y algo anticuado, de primeras poco apetecible. Al ser lo único que se encontraba abierto, decidimos ocupar una mesa y comprobar qué tal era.
El servicio, rapido, educado y bien uniformado, algo que de una forma u otra causa una buena intención y te agrada.
La comida, digna de uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Boquiabiertos nos dejó.
Quizás más que carnes y pescados, recomendaría algunos platos más de guiso como el cogote de merluza o los txipirones en su tinta.
Los pintxos, de anchoas y de txangurro, los mejores y el surtido de kokotxas impresionante.
La mayor pega que observo es que el rodaballo tenia un precio desorbitado para la poca cantidad que sirvieron, aunque el sabor y la gelatinosidad, eran perfectos.
Los postres, auténticos de la zona. Con un pastel vasco y una pantxineta dignos de mención.
El lugar no es realmente caro, sin ser del todo barato, pero teniendo en cuenta la calidad de los productos, esto es algo más que comprensible.
















Comentarios
Publicar un comentario